DESARROLLO SOCIAL

SALUD MENTAL Y ADICCIONES

A nivel mundial se estima que una de cada cuatro personas experimenta alguna afección de salud mental a lo largo de su vida, lo que ha llevado a considerar a esta temática una pandemia con impacto a nivel individual, familiar, comunitario, económico y político. Uruguay no es ajeno a esta realidad; según la OMS aproximadamente el 20% de la población uruguaya puede verse afectada por trastornos mentales en algún momento de su vida. Entre los más frecuentes se encuentran la depresión, ansiedad, bipolaridad, esquizofrenia y los relacionados con el consumo de sustancias. Esta problemática global se agravó en 2020 con la pandemia de Covid-19, que condujo a un aislamiento forzado, el cual sumado a circunstancias económicas como la pérdida de puestos de trabajo exacerbaron y sacaron a la luz trastornos como depresión, ansiedad y estrés en gran parte de la población.

Suicidio en Uruguay

A nivel mundial más de 700.000 personas fallecen cada año a causa del suicidio, lo que equivale a una muerte cada 40 segundos. El mismo se trata de un fenómeno multicausal donde intervienen diversos factores biológicos, psicológicos, socioculturales y económicos, entre otros. En nuestro país, la tasa de suicidio ha ido en aumento de manera preocupante, siendo la más alta de Latinoamérica y una de las más elevadas a nivel global. Esta problemática afecta especialmente a adolescentes, jóvenes y adultos mayores, con una prevalencia mayor en el interior del país. En 2022, la tasa de suicidios en Uruguay fue de 23,2 cada 100.000 habitantes, con un total de 823 fallecidos. En 2023 esa cifra fue de 754, según el MSP. Además, corresponde destacar que la tasa de mortalidad por suicidio es históricamente más alta para los hombres, que en 2023 representaron aproximadamente el 75% del total, frente a un 25% de las mujeres.

Aunque sin tanta visibilidad en medios, el suicidio presenta tasas más altas que las de homicidio o fallecimientos por siniestros de tránsito. A esto se suman los intentos de autoeliminación (IAE), cuya tasa es entre 10 y 20 veces más alta que los suicidios consumados. Se estima que en Uruguay ocurren entre 7.000 a 14.000 intentos de autoeliminación al año.[1] El problema de los comportamientos suicidas en Uruguay afecta a la población general, aunque existen rangos etarios y profesionales que presentan conductas particularmente alarmantes:

  • Jóvenes: El suicidio se encuentra entre las primeras causas de muerte de adolescentes y jóvenes en los últimos años. Según datos del MSP (2022), el 50% de los intentos de autoeliminación corresponden a personas menores de 30 años, siendo los de 15 a 19 años los más vulnerables.
  • Adultos mayores: Otro pico de casos de suicidio se da entre los adultos mayores.  El rango etario de 65 años o más presenta las mayores tasas de suicidio en Uruguay, y diversos estudios sobre la temática han identificado a la soledad como una de las principales causas que llevan a estas personas a tomar la trágica decisión.

En los últimos años, especialmente durante la última administración de gobierno, Uruguay ha comenzado a reconocer la importancia de esta problemática, implementando medidas para combatirla, como la aprobación de la Ley 19.529 de salud mental, que encomendó al MSP la elaboración de un Plan Nacional de Salud Mental (PNSM) y el programa “Ni Silencio, ni Tabú”[2], A pesar de estos esfuerzos, entendemos que estas acciones aún no son suficientes frente a la magnitud del problema.

Seguimos identificando dificultades en el acceso a servicios de atención psicológica, especialmente vinculadas a factores económicos, geográficos, y de recursos humanos. Estas barreras son particularmente evidentes en la accesibilidad de servicios en los departamentos más alejados de la capital, así como en una cobertura que no es suficiente para la detección temprana de problemas de salud, de IEA, entre otros. Además, la falta de recursos dificulta el seguimiento adecuado de los casos, lo que agrava la situación ante el aumento de la demanda.

Queremos un Uruguay donde todos los ciudadanos tengan acceso a servicios de salud mental y atención a adicciones de alta calidad, con un enfoque centrado en la prevención y promoción de la salud mental.

SALUD MENTAL Y ADICCIONES

1.     SALUD MENTAL
  Creación de 25 Centros de Atención en Salud Mental en los 19 departamentos del país
Fortalecimiento del SNIS sobre la cobertura de atención a la salud mental
Promoción de telemedicina en salud mental
Planes focalizados para poblaciones de mayor vulnerabilidad
Impulsar el concepto de cultura en salud mental
Módulos específicos en educación
Prevención del suicidio
2.     ADICCIONES
  Potenciar Uruguay Previene
Creación de 10 centros de tratamiento de rehabilitación para el uso problemático de drogas
Ampliar la red pública de servicios de uso problemático de drogas
Planes focalizados en personas privadas de libertad
  1. SALUD MENTAL
  1. Creación de 25 Centros de Atención en Salud Mental en los 19 departamentos del país
    Crearemos 25 clínicas de atención en salud mental en todo el país, que ofrecerán servicios de psicoterapia y psiquiatría. Esta medida responde a la necesidad urgente de ampliar la oferta de atención, que actualmente no satisface la demanda existente. Para abordar esta problemática incrementaremos la inversión, asegurando que quienes necesiten cobertura de salud mental y atención psicológica y psiquiátrica puedan obtenerla de manera rápida y suficiente.
    Además, dentro de sus cometidos tendrán el desarrollo de políticas de psicoeducación dirigidas a la población en general y a aquellos sectores más afectados, proporcionando información sobre las distintas problemáticas de salud mental y métodos de detección temprana, posicionándose como una fuente clara y confiable de información para la sociedad en el territorio.
  2. Fortalecimiento del SNIS sobre la cobertura de atención a la salud mental
    Reconociendo el notable aumento de los problemas de salud mental en los últimos años, impulsaremos una inversión social adecuada para enfrentar este desafío. Nuestro objetivo será asegurar que nuestro SNIS proporcione la cobertura necesaria para todos los usuarios.
    Desarrollaremos nuevos espacios de tratamiento especializados en salud mental y ampliaremos la cobertura de nuestros prestadores de salud. Reforzaremos las políticas públicas existentes, mejorando la capacitación en salud a todos los niveles y descentralizando la asistencia y educación en esta área. Para lograrlo, continuaremos avanzando y dotando con recursos al Plan Nacional de Salud Mental y Adicciones[3],  y fortaleceremos las Casas de Medio Camino dedicadas a la salud mental y las adicciones.
  3. Promoción de telemedicina en salud mental
    Promoveremos el desarrollo de telemedicina en salud mental para aumentar significativamente la disponibilidad de consultas y reducir los periodos de espera de los usuarios que necesiten acceder a un especialista. Esta herramienta se implementará especialmente en localidades con dificultades de acceso físico a servicios de psiquiatría y psicología.
  4. Planes focalizados para poblaciones de mayor vulnerabilidad
    Reconociendo que ciertos sectores de la población están expuestos a mayores riesgos y vulnerabilidades en el cuidado de la salud mental, como funcionarios policiales, personas de edad avanzada, o adolescentes, nos comprometemos a continuar e innovar en la implementación de programas focalizados. La atención en salud mental debe adecuarse a las necesidades específicas de estos grupos.
    Nos comprometemos a mantener y fortalecer el programa “Ni Silencio ni Tabú”, dirigido a sensibilizar a adolescentes y jóvenes sobre la temática de la salud mental, así como a desarrollar nuevas acciones para continuar luchando en favor de la salud mental y contra el suicidio juvenil, una de las principales causas de muerte en esta franja etaria.
    En nuestro país, las personas de edad avanzada frecuentemente experimentan depresión o ansiedad, condiciones que a menudo son consideradas en forma errónea como parte del envejecimiento o consecuencia de otras enfermedades. Avanzaremos en programas específicos que brinden servicios de salud mental y acompañamiento a este sector de la población.
    En cuanto a funcionarios policiales, impulsaremos una estrategia de salud mental especialmente focalizada en ellos, buscando incrementar la cobertura de servicios y las herramientas con que los mismos cuentan. (Ver capítulo Seguridad Pública y Sistema Penitenciario).
  5. Impulsar el concepto de cultura en salud mental
    Desarrollaremos el concepto de cultura en salud mental, buscando que los integrantes de la sociedad aprendan a auto cuidarse y poder ayudar a otros que estén atravesando dificultades en su salud mental. También trabajaremos proactivamente en reducir los prejuicios y la estigmatización que existe frente a las personas que padecen trastornos de este tipo, visibilizando la cuestión con datos oficiales y experiencias de la población. Para ello, se avanzará a través de campañas de difusión, comunicación y educación a población general, para que la población aprenda a manejarse en el cuidado de su bienestar emocional.
  6. Módulos específicos en educación
    Proponemos la inclusión de un módulo impartido en todos los centros educativos desde educación primaria hasta educación media superior, que aborde temas fundamentales en áreas de salud mental y emocional, el bienestar y las habilidades de autocuidado, entre otras. Este módulo también incluirá formación orientada a combatir la violencia, el delito desde edades tempranas, el uso problemático de drogas, el bullying, el ciberacoso, y la educación sexual. (Ver Capítulo Educación).
  7. Prevención del suicidio
    Proponemos que Uruguay siga los ejemplos de políticas públicas de países como Australia, Escocia y España, y que legisle con base en los lineamientos propuestos por la OMS. Ello implica la implementación de medidas de prevención, intervención y posvención de conductas suicidas basadas en evidencia, así como la incorporación de una perspectiva del problema que implique a la sociedad en conjunto.
    Para ello, debemos asegurar la prevención de los intentos de autoeliminación (IAE), creando acciones específicas en los centros educativos, abordando la temática a través de herramientas de superación de momentos de adversidad, de resiliencia y del manejo de la frustración. Dado el aumento de suicidios en las fases de niñez y adolescencia, dichas herramientas deben ser implementadas desde el ciclo de educación inicial. Además, es necesario entender las causas locales del suicidio y el contexto específico que lo provoca, así como hacer un seguimiento de los IAE, que son un fuerte predictor de los suicidios consumados. Para ello, crearemos un Observatorio de la Conducta Suicida, que permita tomar acciones basadas en datos reales y completos.
    El suicidio tiene un fuerte componente de impacto social, lo que hace necesario crear un programa de posvención de la conducta suicida. Se calcula que por cada suicidio existen ocho personas directamente afectadas, entre familiares, amigos y compañeros de trabajo. La cercanía a una persona que ha cometido un suicidio es uno de los predictores más fuertes de la conducta suicida, por lo que es fundamental trabajar con los espacios de socialización que se consideren relevantes en cada caso.
  1. ADICCIONES
  1. Potenciar Uruguay Previene
    La Junta Nacional de Drogas impulsa el programa “Uruguay Previene[4]”, que enmarca las acciones de prevención en materia de consumo de drogas a través de medidas universales de prevención, selectivas e indicadas para que sean tomadas en los ámbitos educativos, familiares, comunitarios y laborales. Estas acciones se desarrollarán bajo un enfoque integral que combine la perspectiva de derechos humanos, la interseccionalidad, género, la perspectiva generacional y la territorial. Consideramos conveniente que las acciones allí planteadas se continúen y se profundicen.
    La evidencia muestra que cuanto más joven es una persona al iniciarse en el consumo de drogas, mayor es la posibilidad de desarrollar un consumo problemático. Por lo tanto, evitar o retrasar al máximo el consumo de drogas desde edades tempranas es clave para lograr mejores resultados en materia de prevención. Con esto en mente, proponemos implementar un módulo en la educación que aborde el consumo de drogas desde primaria hasta educación media superior.
  2. Creación de 10 centros de tratamiento y rehabilitación para el uso problemático de drogas
    Actualmente existen alrededor de 290.000 personas con consumo problemático de alcohol o cannabis, a los que se suman por lo menos 70.000 personas que presentan consumo problemático de cocaína o pasta base, de acuerdo con la información en los Objetivos Sanitarios Nacionales 2030 del MSP. Si bien no existe un modelo único de tratamiento y rehabilitación, y la internación no es necesariamente la mejor respuesta para todos los usuarios, es evidente que la oferta pública de centros de tratamiento y rehabilitación con internación es insuficiente, considerando la prevalencia del consumo problemático de sustancias en nuestro país.
    En la actualidad, los usuarios de ASSE tienen acceso a centros como CasAbierta en Artigas, Portal Amarillo en Montevideo, El Jagüel en Maldonado y Chanaes en San José (este último para adolescentes y jóvenes varones con patología dual: problemas de salud mental y consumo problemático de drogas). Sin embargo, esta oferta es limitada e insuficiente.
    Por ello, proponemos la creación de 10 centros de tratamiento y rehabilitación para el uso problemático de drogas, distribuidos a lo largo del país, que permitan sumar hasta 500 camas de internación.
    Aplicaremos, para ello, la modalidad del Plan CAIF, que se basa en el accionar conjunto del Estado con la sociedad civil organizada. Cada centro contará con el apoyo directo de ASSE, el MSP, el Mides, la ANEP y la Junta Nacional de Drogas. La construcción de los centros contemplará la necesidad de ampliar los cupos específicos para personas en situación de calle y para personas con patologías duales. Además, se evaluará la necesidad de ampliar la cobertura para las mujeres, dado que algunos de estos servicios son solamente para población masculina, como Chanaes en San José.
    Es crucial integrar una perspectiva de género en estos servicios, dado que, por primera vez desde que se lleva registro, la Encuesta de Consumo de Drogas en Adolescentes Escolarizados realizada en 2021 por el Observatorio de la Junta Nacional de Drogas reveló que el consumo de las drogas más frecuentes (alcohol, tabaco, cannabis y cocaína) es más alto en adolescentes mujeres que en varones. Es urgente atender este cambio en la composición de la población que consume drogas.
  3. Ampliar la red pública de servicios de uso problemático de drogas
    La Red Nacional de Drogas[5] (Renadro) actualmente ofrece una variedad de prestaciones y servicios de atención para el consumo de drogas, que incluyen la línea de atención telefónica *1020, los servicios brindados a través del SNIS como los dispositivos Ciudadela (centros de información, asesoramiento, diagnóstico, tratamiento ambulatorio y derivación), los dispositivos de base comunitaria (Unidad Móvil de Atención), los Equipos de Proximidad [Aleros], los centros diurnos de atención y los centros residenciales y ambulatorios para los usuarios de ASSE. Además, estos también cuentan con atención en las policlínicas del primer nivel, la policlínica de drogas del Hospital de Clínicas y el servicio de adicciones del Hospital Maciel.
    Es vital no sólo ampliar la oferta pública de dispositivos con internación 24 horas, sino también fortalecer y expandir las demás prestaciones y servicios, sobre todo en el interior del país. Actualmente, los Equipos de Proximidad (Aleros), por ejemplo, operan solamente en Montevideo, mientras que los centros diurnos se encuentran únicamente en Montevideo y Canelones. Evaluaremos la necesidad de ampliar la cobertura para mujeres, dado que uno de los centros diurnos que existen actualmente (El Achique en Casavalle, Montevideo) solo atiende a población masculina.
    Además, lanzaremos campañas de bien público para informar a la población sobre las herramientas y dispositivos disponibles para prevenir y tratar el consumo problemático de sustancias.
  4. Planes focalizados en personas privadas de libertad
    Se estima que más del 80 % de la población privada de libertad en nuestro país presenta consumo problemático de sustancias, lo cual está estrechamente vinculado con la actividad delictiva. Es fundamental desarrollar planes focalizados para el tratamiento y la rehabilitación de personas privadas de libertad con uso problemático de drogas. En ese sentido, la reciente instalación de la primera clínica para PPL adictas a la pasta base en la Unidad Nº 4 (ex Comcar) y es una iniciativa alentadora. Basándonos en los resultados de esta primera iniciativa, nos proponemos continuar en esta dirección, ampliando los cupos y la presencia de estas clínicas en las demás unidades penitenciarias del país.

[1] Objetivos Sanitarios Nacionales 2030, MSP

[2] “Ni Silencio, Ni Tabú”, Edición 2024

[3]Plan Nacional para el abordaje de la Salud Mental y Adicciones”, Presidencia de la República

[4] https://www.gub.uy/junta-nacional-drogas/uruguay-previene

[5] https://www.gub.uy/junta-nacional-drogas/tematica/renadro